«¡Que me mate! ¡Ya no tengo esperanza!
Pero en su propia cara defenderé mi conducta» (Job 13:15).
»Por ese motivo padezco estos sufrimientos. Pero no me avergüenzo, porque sé en quién he creído, y estoy seguro de que tiene poder para guardar hasta aquel día lo que le he confiado» (2 Timoteo 1:12).
Un viejo hombre de mar dijo en una ocasión: «Cuando arrecia la tormenta, hay una cosa que debemos hacer porque hay solo una posibilidad de sobrevivir: debemos poner la nave en cierta posición y mantenerla así». Y esto mismo, querido cristiano, es lo que nosotros debemos hacer.
…La razón no nos puede ayudar, las experiencias anteriores no proyectarán luz y ni siquiera la oración traerá consuelo. Solo mantener el curso…
Manténgase firmemente anclado en el Señor y entonces, cuando vengan temporales, marejadas, mar embravecido, truenos, relámpagos, rocas cortantes o rompientes rugientes, agárrese firme del timón, poniendo toda su confianza en la fidelidad de Dios.

